19 sept. 2010

La Flor Roja

Primer cuento que escribo... en base a unas preguntas realizadas por la profesora Viviana del curso de enfoques :D espero les guste, se aceptan críticas jeje

La Flor Roja

Fue una vez, tal vez dos, una mañana de julio, tal vez dos mañanas de julio, donde el sol resplandecía con todo su poder, los pajarillos y las pajarillas cantaban alegres, las nubes claras y celestes bailaban en el alto cielo, las flores sin excepción se volteaban hacia la luz del sol para mirarlo, los animales pequeños, medianos y grandes corrían para salir de sus aposentos, las mujeres y los hombres comenzaban sus labores, iban de un lado a otro, preparaban su desayuno, a los niños y las niñas para llevarles al kínder y a la escuela… parecía ser un día como cualquier otro, pero algo en él lo haría particular.

Para Amanda, los días siempre eran distintos, muchas personas se le acercaban y le decían que estaba muy pequeña aún, que ella no sabía nada de lo que ocurría, que en unos cuantos años entendería. Amanda si era pequeña, hasta hace apenas unos días había cumplido sus seis primeros años en este mundo, su edad reflejaba una desventaja frente a las personas “grandes”; en su interior ella sabía que entendía más de lo que la gente podría imaginar, ella conocía el mundo, en seis años sus logros eran inmensos, aunque la gente “grande” dijera lo contrario.

Esa mañana Amanda se despertó con una inmensa sonrisa en su rostro, el mundo era un patio de juegos donde ella estaba inmersa cada segundo de su vida, y no debía desaprovechar ni un solo segundo de ello, había escuchado decir a su hermana mayor: “Hoy es un día para vivir”, y sin saber realmente que significaba esa frase se la dijo a sí misma sonriendo de nuevo y levantándose felizmente a buscar a su madre, porque estaba ansiosa de ir al kínder, en su interior sabía que ese día era diferente a cualquier otro.

-¡Amanda!, ¿qué haces levantada tan temprano?- dijo su madre Cleo.
-No se mami, quiero ir al kínder- contestó Amanda con una gigante sonrisa dibujada en su rostro.
-Bueno vamos a preparar todo, ¿y por qué estás tan feliz?-
-Porque sí- dijo Amanda sin entender porque su felicidad provocaba sorpresa en su madre.
-Bueno, apresurémonos para que no se nos haga tarde-
-Está bien mami-

De un lado a otro se veía Amanda brincando, por toda la casa su voz se escuchaba, su alegría empezaba a inundar cada rincón, nada ni nadie se quedó sin darse cuenta de que Amanda en ese momento era la niña más feliz sobre la faz de la tierra.

-Amanda tu bolso está listo, agárralo y vámonos- dijo su madre inquieta viendo el reloj en su muñeca.
-Ya mami, estoy lista- Amanda no dejaba su sonrisa ni un solo instante.

-la la la la la la la la la la la- iba cantando Amanda camino al kínder junto a su madre. –mami mira esa casa, que color más lindo tiene, es nuevo porque no lo había visto antes, mira ese carro, uy mira mira ese pajarito en esa verja, me encanta su forma, es todo gordito y azul, ¿como se llama ese pajarito mami?-

-Ay Amanda no se cómo se llama, yo no se de nombres de pájaros, y no te distraigas viendo todo, o si no, llegaremos tarde- contestó Cleo en tono enfadado y mirando de nuevo su reloj.

-Mami pero mira que lindas esas flores tan raras, yo las había visto pero por televisión, son mucho más lindas así de cerca, la televisión no las enseña como son en verdad.
-Amanda ya casi llegamos, apresurémonos por favor-
-Está bien mami- contestó Amanda con tristeza en sus ojos.

Al llegar al kínder Amanda había olvidado lo ocurrido con su madre y de nuevo tenía una gran sonrisa en su cara. Fernanda la maestra de Amanda se encontraba en la entrada del salón, ansiosa de que sonara el timbre para comenzar las clases, tenía un día maravilloso preparado para las niñas y los niños de su grupo, decenas de juegos y una actividad con la que ella esperaba lograr mucho en cada una y uno de quienes llegaran ese día al kínder.

-Ring, ring- sonó el timbre de llamada para el comienzo de la clase
-Niñas, niños, todas y todos adentro del salón por favor-

-¡Yupi! ¿Maestra que vamos a hacer hoy?- preguntó animada Amanda

-Para hoy tenemos muchas cosas divertidas que estoy segura de que les van a gustar. Primero les voy a decir cuál va a ser el proyecto del día de hoy. Deberán armar una casa, como ustedes quieran, lo único que pido de la casa es que tenga todo lo que ustedes piensen que tiene su propia casa, lo demás los dejo a su imaginación. Para la casa van a utilizar los materiales que andan en sus bolsos, más lo que tengamos en el aula, y lo que encuentren por fuera del salón durante los recreos.- dijo Fernanda observando las reacciones de cada una y uno de sus estudiantes- Tienen todo el día de hoy para armar la casa, terminando la clase nos reunimos para ver la casa que cada una y uno hizo. Les voy a dar unos minutos para que empiecen a hacer la casa.

-Ya se, voy a hacer mi casa de paletas de colores, a ver, el piso, las paredes, si, me va a quedar mucho más linda que la de las demás, uy ya se, ya se, voy a dibujar a mi mamá, a mi hermana y mmm también a papi- pensaba Amanda mientras construía su casa.

Luego de un rato, la maestra les puso a realizar otra actividad, recordándoles que en los recreos podían seguir con sus casas. Amanda era la más animada con el proyecto de ese día, nada iba a evitar que ella hiciera la mejor casa de todas, su casa sería grande, con cientos de colores, única, hermosa, su maestra, y su madre estarían orgullosas de ella.

Durante el recreo, Amanda olvidó jugar y se empeñó en buscar cosas para ponerle a su casa, ya había hecho la base y las paredes con sus paletas, dibujó y puso a su madre, su hermana y a ella dentro de la casa, su padre a la par de la casa pero por fuera, le había decorado con corazones el suelo, al techo que tenía por aparte le hizo estrellas de diferentes colores, estaba sumamente feliz por su trabajo, aun así sentía que algo le hacía falta, un toque especial, algo único que distinguiera su casa de las otras a cientos de kilómetros de distancia.

Vio como sus compañeros regalaban cosas a sus demás compañeras para añadir en sus casas, pero a ella nadie le daba nada, pasaban a su lado como si no existiera, ella sabía que podía terminar su casa por sí sola, no ocupaba ayuda ni regalos de nadie, pero que lindo hubiera sido recibir ella también un regalo de esos.

Estando en el jardín que se encontraba en la parte trasera del kínder, su búsqueda por algo especial terminó, desde lejos la había visto, era algo rojo muy llamativo y hermoso, poco a poco se acercó a ella.


-¿Qué será eso que se ve tan bello?- pensó Amanda sorprendida ante tal belleza.

Finalmente llegó a ella, era una rosa roja, un poco escondida entre los arbustos, pero su color provocaba que quién pusiera atención en su alrededor no la pasara por alto, justo eso había pasado con Amanda, que por amar los colores de cada objeto a su alrededor, la había encontrado, la flor más perfecta que jamás se había visto.



-Wow, que hermosa flor roja, quedará perfecta en mi casa- pensó Amanda- mmm huele delicioso, huele a rojo.

La rosa la identificaría a ella dentro de la casa, al tomarla se punzó con una de sus espinas, pero no le importó, esa flor roja debía ser suya pasara lo que pasara; cortó la flor con cuidado para no pincharse de nuevo con las espinas; bailando y cantando regresó a su salón de clases, pero no pensaba dejar a su flor sola dentro de su casa, tenía miedo de que algo le ocurriera.


-Amanda, que bella rosa roja- le dijo su maestra
-Gracias maestra la encontré para ponerla en mi casa- contestó Amanda
-Me parece una idea genial. Bueno deja la flor en la casa porque vamos a seguir con otros juegos-
-Maestra, ¿puedo mantenerla conmigo?-
-Lo siento Amanda, deberás dejarla en la casa, no quiero que te distraigas por la flor-
-Pero maestra…
-No Amanda, tu sabes las reglas-
-Está bien maestra- contestó Amanda con un pesar en el alma, dejó su flor dentro de su casa, no quería dejarla, pero no le quedaba otra opción.

En pocos minutos regresaría a revisar la flor roja, estaba segura de que nada le iba a pasar, aunque por dentro sentía un miedo inexplicable. La flor y ella tenían tanto en común, a pesar de que las personas “grandes” no lo hubieran entendido nunca.
Los juegos habían durado más de lo que ella hubiera deseado, los disfrutó pero su pensamiento se mantenía en su flor roja.

Al volver su flor ya no estaba dentro de su casa.

-¡Maestra! ¡Mi flor roja ha desaparecido! ¡Maestra! ¡Maestra!- gritaba llorando Amanda.
-Amanda, ¿estás segura de que dejaste aquí la flor?-
-Si maestra, yo la dejé aquí. Mi flor, mi pobre flor.

-Señorita Fernanda se le solicita en dirección-

-Amanda tengo que ir a la dirección, busca la flor dentro del salón, aquí debe estar-
-Si maestra- contestó Amanda entre sollozos.

-¿Buscabas esto?- le dijo en tono burlesco Pablo, un niño de su salón con el que ella casi nunca hablaba
-¡Sí! Esa es mi flor, ¿por qué la tienes?-
-Es una simple flor, porque tanta bulla por una simple flor que se encuentra por todo lado, eres una niña llorona-
-Es mi flor, dámela.
-¡NO!- dijo Pablo con una risa malvada y un aire de superioridad.

De pronto seguido por el no de Pablo, su mano agarró la flor de los pétalos, y la comenzó a presionar cada vez con más fuerza, Amanda no sabía que hacer, estaba paralizada, su llanto se había vuelto silencioso, lágrimas bajaban por sus mejillas, la sonrisa que la había acompañado toda la mañana había desaparecido, una mueca de dolor la remplazaba, un dolor tan agudo, que destrozaba el alma, su alma de niña, el amor por la flor roja era gigantesco y eso le provocaba más daño.



Pablo terminó de despedazar la flor roja de Amanda y junto con la flor su corazón también había sido herido profundamente.


-Niña llorona, entiéndelo era una simple y estúpida flor, jajajajajaja; le dices algo a la maestra y te irá mal, niña llorona- le dijo Pablo saboreando el dolor de Amanda.

Amanda corrió a tomar los pétalos de la flor muerta, asesinada ante sus propios ojos, la flor había desaparecido, ya no era la misma, Amanda ya no era la misma.

Fernanda su maestra minutos después apareció, vio a Amanda en el suelo llorando, se le acercó, miró los pétalos caídos de la rosa y sacó sus conclusiones de que la rosa se la había llevado el viento y por eso los pétalos estaban caídos.

Intentó tranquilizar a Amanda pero ella estaba herida, su flor roja sufrió ante sus ojos, y ella no había hecho nada por detener tal atrocidad, su silencio durante el acto fue espantoso, ella pudo haberlo hecho mejor, pudo detenerlo, pudo llamar a alguien, pudo, pudo, pudo, pero no lo hizo, se quedó paralizada llorando.

Su flor roja ya nunca más estaría con ella, se había ido para siempre y no porque había llegado su momento de partida, si no, porque un niño cruel se la arrebató, y ella no hizo nada; su cabeza daba vueltas en los mismos pensamientos pudo hacer tal cosa, pero no hizo nada, pudo hacer tal cosa, pero no hizo nada, pudo hacer tal cosa, pero no hizo nada…

Debió no hacerle caso a su maestra, quedarse con la flor, llevar su flor consigo mientras realizaban los demás juegos, porque no lo hizo, porque siempre tenía que hacer lo que las personas “grandes” le decían, por qué, por qué, por qué.

Su maestra no sabía que más hacer, qué decirle; Amanda estaba desgarrada y no escuchaba ya nada, no miraba a su alrededor, los colores desaparecieron, su mente seguía en lo mismo, y no quería dejar a su flor olvidada.

Su mejor amiga Anabel, que ese día había estado un poco distante de Amanda, se acercó a ella, le dio un abrazo tan fuerte como sólo las amigas del alma saben darlo, y eso bastó para que Amanda se sintiera merecedora de amor de nuevo, que sintiera no estar sola, que su vida no se detendría por la muerte de su flor roja.

Sus caras se encontraron.

-Espera un momento- dijo Anabel sonriendo para Amanda. Amanda estaba desconcertada.

Anabel salió del salón corriendo, cuando regresó, Amanda no podía creer lo que miraba; Anabel sostenía un hermoso ramo de flores rojas, muy parecidas a la suya, no idénticas porque la suya era única, pero eran realmente bellas. Amanda sonrió con todas sus fuerzas, corrió hacia Anabel y se lanzó a ella para agradecerle.


Las dos niñas saltaban, reían y cantaban a un ritmo que sólo ellas por el resto de sus vidas entenderían.


FIN

2 comentarios:

  1. Wow, que buen texto Hei, a por ratos pensé que el cuento podía terminar mal (un auto o una bala perdida) pero al final entendí que es solo nuestra mente de novela y cine misterio el que nos terapea de esa manera.

    En resumen un buen texto. Me gustaron muchos detalles que fuiste agregándole al texto, sigue practicando bastante, vas por buen camino señorita.

    Nos seguimos leyendo amiga, un abrazo, buen post!

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  2. Gracias :D y si seguiré practicando los cuentos jejeje este fue el primero de muchos :D

    abrazos! n_n

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