24 feb. 2010

Preguntas, respuestas y tiempo



La noche... solitaria, oscura y silenciosa, ella, parecida a esa noche, sus pensamientos volaban de pensamiento en pensamiento, miles de ellos en su mente y a la vez ninguno. Entre tanto y nada una pregunta que no olvida llegó a su mente como lo hacía muchas veces, ¿ser o estar feliz? la primera ocasión su respuesta le salió desde lo profundo de su ser, no soy feliz, estoy feliz, porque la felicidad es una decisión que tomo. Sí, esa fue su respuesta, ¿pero aun pensaba asi? Sí, por más que daba vuelta a la pregunta la respuesta siempre era la misma, ¿por qué otras personas si lo SON y yo lo ESTOY? Será acaso ¿que me falta algo? Habrá algo ¿Que tengo y no quiero? o ¿Que quiero y no tengo? Su mente no paraba ni un segundo para pensar en todo ello.

Respondió todas las preguntas y una en especial, no la abandonó, la de siempre, que era eso que no tenia y queria, si ella lo sabe, era esa área la que estaba incompleta en su vida y no le permitía SER feliz, también sabe que eso que no tiene, es por decisión de ella a pesar de haber dicho miles y miles de veces "no he encontrado a "alguien"", ese "alguien no aparecerá por arte de magia", el destino no la unirá con nadie, ella es quién decidirá avanzar, para en algún momento unir su vida con la de "alguien".

La pregunta del millón era (si, más preguntas, la vida está llena de ellas a cada instante) cómo conocerá a ese"alguien", ella pocas veces salía, ella no conocía fácilmente hombres como algunas de sus amigas, por no permitirselo y porque no frecuentaba muchos lugares. Debía cambiar, lo sabía, si queria lograr algo ella era quien debía cambiar. Cambio, algo tan dificil para ella, aceptar el cambio no, pero si el vivirlo plenamente, la nostalgia de esa pareja que no habia tenido y aun asi añoraba dejaba su cuerpo y su mente poco a poco, su decisión del cambio fue tomada ahora el segundo paso comenzaba, queria tomar las riendas de su decisión aunque le costara meses y hasta tal vez años, llegar a lograr lo que se estaba proponiendo.


Últimos días del año, por decisiones de la vida (las casualidades son distintas) en su camino hacia un fin de semana en que parte de la noche del sábado no iba a recordar, miró a un chico, alguien con quien tenia meses de hablar pero no habia visto antes. ¿Amor a primera vista? No. Solamente le llamó la atención, porque pudo mirarlo y su existencia se convirtió en algo real para ella.

Después de ese encuentro que él supo a medias, la invitación a un nuevo encuentro surgió, ella lo esperaba, pero no creia posible que fuera a suceder, en ese aspecto no lograba cambiar y continuaba siendo la negativa de siempre. Días después, el encuentro se dió, ella y él se conocieron, fue como si se conocieran desde hace mucho, los nervios que siempre la invadian aparecieron poco, ella estaba feliz, se sentia bien.

Los encuentros, las risas, las palabras siguieron dandose, no una ni dos veces, si no más, más veces de las que ella hubiera imaginado, más de las que habían pasado con otros chicos,y esto era diferente era único, especial y genial, él no era como otros, no la trataba como los demás lo hacían, no la trataba como un objeto, no intentaba aprovecharse; la hacía feliz, la hacia sentir bien. Ella no lo amaba, era muy pronto para eso, y la situación era muy distinta para eso, pero ella lo queria, lo queria montones aunque no se lo decía y no podia esperar por verlo, pero ella estaba cambiando como habia prometido, lo estaba cumpliendo, y debia admitirlo, el cambio funcionaba, ella estaba feliz ¿o era feliz? no, ella lo estaba aun, pero eso no le importaba en ese momento, la vida estaba siendo demasiado bella como para pensar en términos de nuevo, queria disfrutar el momento y que nada ni nadie le quitara eso.

Ella siempre que podia escuchaba música y parecia que esta le hablaba porque muchas veces aparecía una canción en la que la letra expresaba lo que ella sentía, y así con un trozo de una canción de uno de sus trovadores preferidos la canción se expresó por ella:
"Tengo ganas de gritarte que te extraño,
que cuando te fuiste entonces entendí,
que los grandes cambios no se llevan años,
que bastó con un segundo junto a tí"

El qué la esperaba en el futuro no la preocupaba, la entusiasmaba enormemente, la ponia ansiosa, pero no iba a tirar por la borda el cambio que hacia en su vida, por lo que debia esperar, seguir intentando tomar las decisiones correctas para llegar a lo que queria, tiempo al tiempo, y si era lo mejor, lo que ella queria se iba a realizar.

¿Qué estaba ocurriendo? ¿Nuevo año, nueva vida? ¿Sería eso posible? Ella se sentia en las nubes, habian cosas que extrañaba, gente que extrañaba, pero ella sabia que estaban ahi, y esta vez el que estuvieran lejos no la hacia sentirse sola.


Último mes del año, una persona que conoció ese año retornó a su mente, habia marcado su vida, a mediados de año él cometió un error, pero ella cometió otro que provocó que la situación diera un vuelco, en el instante para ella fue lo mejor.

Lo que determinó en el momento el fin de la relación que tenian fue una pregunta él le habia preguntado si le incomodaba que le hablara, ella estúpidamente contestó que si, él desapareció, ella ya no lo quería como en aquel momento que estuvieron juntos, el corazón le habia dolido demasiado, ahora lo que le dolía era la decisión tomada, ella sabía que pudo manejar la situación de mejor manera, pero el miedo se lo impidió, y ella aceptó el miedo antes que el querer no dejarlo ir.

Esa decisión la perseguía pero el miedo continuaba por lo que no actuaba, finalmente tomó la resolución de disculparse, ella no lo veia, por lo que la única manera era por mensaje, no lo llamaba porque después él decidia no contestarle, era mucho más fácil el mensaje. Lo envió con toda la ansiedad del mundo, ¿que le contestaría? ¿la perdonaría? ¿la mandaría al diablo? la respuesta no llegó, esperó y esperó pero no llegó.

Con lágrimas en los ojos pidió a Dios que por favor el chico estuviera bien y que en algún momento la perdonara. Los días pasaron y meses después, la respuesta llegó, un mensaje en FB que le devolvió la tranquilidad de la situación. Ella y el chico hablaron y solucionaron todo. Ella sabía que no tendrían lo de aquella vez, pero no le importaba porque ella lo que buscaba era su perdón.

Durante la noche pensó miles de cosas y su corazón bailó, lloró gritó y estuvo feliz, la vida seguia siendo buena y mejor que nunca, Dios escuchó sus plegarias, y ella recordó que al pedir algo a Dios, si no lo cumple cuando lo pides puede ser por dos dos motivos: porque no es el momento para ello, o porque tiene algo mejor para ti y eso la hizo llenarse de una tranquilidad y una felicidad maravillosa.


Bueno después de mucho tiempo de ausencia en escritura propia, logré volver, la musa no queria venir a mi aunque la llamé muchas veces, había decidido que no era cuando yo queria, pero gracias a Dios volvió y espero no se desaparezca tanto tiempo de nuevo.
Gracias a tod@s los que se han tomado su tiempo para leer el post.

16 feb. 2010

Táctica y Estrategia -Mario Benedetti-



Mi táctica es
mirarte
aprender como sos
quererte como sos

mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible

mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos

mi táctica es
ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos
simulacros
para que entre los dos
no haya telón
ni abismos

mi estrategia es
en cambio
más profunda y más
simple

mi estrategia es
que un día cualquiera
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites.

(dedicado a alguien en especial
que si lo lee espero comprenda,
porque no escribiré nombre)

4 feb. 2010

Elogio de la mujer brava


Después de semanas de ausencia vuelvo con un post que creo les va a llamar tanto la atención como a mi; lo tomé de un correo que me enviaron, fue publicado en la página semana.com y escrito por un hombre llamado Héctor Abad. Aqui se los dejo y espero les guste:


A los hombres machistas, que somos como el 96 por ciento de la población masculina, nos molestan las mujeres de carácter áspero, duro, decidido. Tenemos palabras denigrantes para designarlas: arpías, brujas, viragos, marimachos. En realidad, les tenemos miedo y no vemos la hora de hacerles pagar muy caro su desafío al poder masculino que hasta hace poco habíamos detentado sin cuestionamientos. A esos machistas incorregibles que somos, machistas ancestrales por cultura y por herencia, nos molestan instintivamente esas fieras que en vez de someterse a nuestra voluntad, atacan y se defienden.


La hembra con la que soñamos, un sueño moldeado por siglos de prepotencia y por genes de bestias (todavía infrahumanos), consiste en una pareja joven y mansa, dulce y sumisa, siempre con una sonrisa de condescendencia en la boca. Una mujer bonita que no discuta, que sea simpática y diga frases amables, que jamás reclame, que abra la boca solamente para ser correcta, elogiar nuestros actos y celebrarnos bobadas. Que use las manos para la caricia, para tener la casa impecable, hacer buenos platos, servir bien los tragos y acomodar las flores en floreros. Este ideal, que las revistas de moda nos confirman, puede identificarse con una especie de modelito de las que salen por televisión, al final de los noticieros, siempre a un milímetro de quedar en bola, con curvas increíbles (te mandan besos y abrazos, aunque no te conozcan), siempre a tu entera disposición, en apariencia como si nos dijeran "no más usted me avisa y yo le abro las piernas", siempre como dispuestas a un vertiginoso desahogo de líquidos seminales, entre gritos ridículos del hombre (no de ellas, que requieren más tiempo, y se quedan a medias).



A los machistas jóvenes y viejos nos ponen en jaque estas nuevas mujeres, las mujeres de verdad, las que no se someten y protestan, y por eso seguimos soñando, más bien, con jovencitas perfectas que lo den fácil y no pongan problema. Porque estas mujeres nuevas exigen, piden, dan, se meten, regañan, contradicen, hablan, y sólo se desnudan si les da la gana. Estas mujeres nuevas no se dejan dar órdenes, ni podemos dejarlas plantadas, o tiradas, o arrinconadas, en silencio, y de ser posible en roles subordinados y en puestos subalternos. Las mujeres nuevas estudian más, saben más, tienen más disciplina, más iniciativa, y quizá por eso mismo les queda más difícil conseguir pareja, pues todos los machistas les tememos.



Pero estas nuevas mujeres, si uno logra amarrar y poner bajo control al burro machista que llevamos dentro, son las mejores parejas. Ni siquiera tenemos que mantenerlas, pues ellas no lo permitirían porque saben que ese fue siempre el origen de nuestro dominio. Ellas ya no se dejan mantener, que es otra manera de comprarlas, porque saben que ahí -y en la fuerza bruta- ha radicado el poder de nosotros los machos durante milenios. Si las llegamos a conocer, si logramos soportar que nos corrijan, que nos refuten las ideas, nos señalen los errores que no queremos ver y nos desinflen la vanidad a punta de alfileres, nos daremos cuenta de que esa nueva paridad es agradable, porque vuelve posible una relación entre iguales, en la que nadie manda ni es mandado. Como trabajan tanto como nosotros (o más) entonces ellas también se declaran jartas por la noche, y de mal humor, y lo más grave, sin ganas de cocinar. Al principio nos dará rabia, ya no las veremos tan buenas y abnegadas como nuestras santas madres, pero son mejores, precisamente porque son menos santas (las santas santifican) y tienen todo el derecho de no serlo.



Envejecen, como nosotros, y ya no tienen piel ni senos de veinteañeras (mirémonos el pecho también nosotros, y los pies, las mejillas, los poquísimos pelos), las hormonas les dan ciclos de euforia y mal genio, pero son sabias para vivir y para amar, y si alguna vez en la vida se necesita un consejo sensato (se necesita siempre, a diario), o una estrategia útil en el trabajo, o una maniobra acertada para ser más felices, ellas te lo darán, no las peladitas de piel y tetas perfectas, aunque estas sean la delicia con la que soñamos, un sueño que cuando se realiza ya ni sabemos qué hacer con todo eso.



Somos animalitos todavía, los varones machistas, y es inútil pedir que dejemos de mirar a las muchachitas perfectas. Los ojos se nos van tras ellas, tras las curvas, porque llevamos por dentro un programa tozudo que hacia allá nos impulsa, como autómatas. Pero si logramos usar también esa herencia reciente, el córtex cerebral, si somos más sensatos y racionales, si nos volvemos más humanos y menos primitivos, nos daremos cuenta de que esas mujeres nuevas, esas mujeres bravas que exigen, trabajan, producen, joden y protestan, son las más desafiantes, y por eso mismo las más estimulantes, las más entretenidas, las únicas con quienes se puede establecer una relación duradera, porque está basada en algo más que en abracitos y besos, o en coitos precipitados seguidos de tristeza: nos dan ideas, amistad, pasiones y curiosidad por lo que vale la pena, sed de vida larga y de conocimiento.